Somos más fuertes

"No fuimos ni somos víctimas. Somos personas bajo la misma circunstancia adversa. Y tanto juntos como separados, somos más fuertes que el bullying".

Contenido

Opiniones (3) Recopilaciones (3) Relatos (9) Respuestas (3) SomosMasFuertes (3)
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas

La historia vivida por la Señorita Despeinada

Que llegue un alumno nuevo al colegio siempre ha sido emocionante, y aún más, si va a ir a
tu clase, o eso creía yo hasta que ese alumno nuevo llegó a la mía.
Cuando cursaba 6º de primaria, tuvimos la suerte de ser los anfitriones de una nueva alumna
a la que vamos a llamar “María”. Era una chica un año mayor que nosotros pero, como acababa de
llegar al país y no conocía bien el idioma, la pusieron en nuestra clase.
Al principio, cual juguete nuevo, todos querían acercarse a ella. Todos querían conocerla,
todos querían charlar con ella, todos querían pasar los recreos a su lado. Todos menos yo, que
siempre fui una niña muy tímida y eso de conocer gente nueva me daba un poco de miedo. Pero esa
efervescencia inicial, como toda euforia a esas edades, acabó por desaparecer y, ese juguete nuevo
que tanto había llamado la atención de mis compañeros ce clase, acabó por parecerse a todos los
demás y lo dejaron tirado en cualquier rincón, sólo a veces ibas a por él para jugar. Y fue en ese
momento, en ese preciso instante en que todos mis compañeros de clase volvieron a la normalidad,
cuando decidí que ya era hora de acercarme a “María” y presentarme. En uno de los recreos, me
armé de valor y me acerqué a ella. Con un manto de vergüenza cubriéndome, me presenté, y ella
hizo lo mismo. Enseguida me dí cuenta de que “María” también era una chica muy tímida y, no sé
si fue por la timidez que nos unía o, porqué el resto de mis compañeros apenas le hacía caso, que
nos convertimos en buenas amigas y, aún sin conocer demasiado bien el idioma, conseguíamos
entendernos.
Pasaron los meses, y “María” dejó de ser la chica nueva de clase para ser una más. El idioma
dejó de ser una barrera, lo que no sabía expresar con su voz, lo expresaba de otras mil formas
distintas. Poco a poco, se había hecho un hueco en el grupo de niñas de clase. Con los niños era un
poco más complicado, ya sabéis que a esa edad, eso de que las niñas no quieran saber nada de los
niños y viceversa es el plato de cada día, así que las niñas íbamos por un lado y, los niños, por otro.
Todo parecía ir bien, hasta que, un día, llegó una nueva chica al colegio y, por esas casualidades tan
curiosas que hay en el mundo, la chica fue el mismo curso pero a distinta clase. A esta nueva
alumna vamos a llamarla “Paris”. ¿Por qué? Pues porqué era el más grande estereotipo jamás
encontrado de niña pija y guapa. Sin quererlo y sin darse cuenta, “Paris” se convirtió en el
desencadenante de todo.
A esas edades, como ya sabemos, las hormonas empiezan a organizarse para volvernos
locos, van montando su propia revolución en nuestro interior sin pedirnos permiso y ponen nuestras
vidas patas arriba, y mis compañeros de mi clase, no fueron la excepción. La llegada de una nueva
niña al colegio que superaba todos los cánones de belleza habidos y por haber, fue su detonante.
Evidentemente, “Paris” dejó a todos los chicos de mi clase deslumbrados y, a todas las
chicas, muertas de envidia y, esto que a nuestras edades nos parece una tontería, cuando teníamos
11 años y las hormonas a mil revoluciones , fue un gran problema.
“Paris”, casualmente, el mundo en esa época era muy de poner casualidades en nuestras
vidas, venía de un país vecino al de “María”, cosa que les hizo creer a los chicos que tenían el
derecho a poder compararlas y, como todos sabemos, las comparaciones son odiosas y, a esas
edades, hasta peligrosas.
Como era de esperar, las principales comparaciones que hacían los chicos se basaban en el
aspecto físico de ambas. “Paris” nos ganaba a todas por goleada, pero fue “María” la que se
convirtió en el blanco de esas comparaciones y en el centro de las críticas de algunas chicas sólo por
compartir con “Paris” el título de “chica nueva” y por sus orígenes en países vecinos. Y, como ya he
dicho antes, las comparaciones son odiosas pero, ojalá, en ese momento, todo eso se hubiera
quedado sólo en comparaciones. Pero no. De las comparaciones se pasó a las burlas y, de las burlas
a los insultos. Y poco a poco, todas las niñas que decían ser amigas de “María” se fueron separando
de ella, cada vez se alejaban más y más para no ser salpicadas por todas las barbaridades que mis
compañeros de clase soltaban por sus bocazas. El miedo de verse afectadas por todas las cosas que
se decían de “María” y el temor a quedarse solas, las empujó a alejarse de ella, a dejar de ir con ella,
a dejar de hablar con ella, a hacer como si no estuviese, a llegar a tal punto que aquellas que dijeron
ser sus amigas se convirtieron en sus verdugos, aumentando, así, la cantidad de niños y niñas que se
propusieron complicar las cosas a “María”.
Muchas veces hemos oído eso de que los amigos de verdad son aquellos que te acompañan
en los buenos momentos y, se quedan contigo en los difíciles, lo hemos oído miles de veces pero no
nos lo hemos creído hasta que nos ha pasado a nosotros y, fue muy triste ver que de todas las que
decían ser sus amigas, sólo yo me quedé a su lado, y ese fue el motivo por el que me convertí en
una nueva diana para todos esos tiradores.
Cuando tienes 11 o 12 años, y en tu cuerpo se está armando la revolución del siglo, es
normal que estés desorientado, que tengas la sensación de perder el control, pero no es excusa para
comportarte como un tremendo gilipollas. Y, según pude comprobar por mi misma, mis compañeros
de clase eso de no ser un completo estúpido/a no lo tenían muy claro, y sacaron matrícula de honor
en esa asignatura. De repente, una clase cualquiera, de un colegio cualquiera, se convirtió en una
caza de brujas y, nosotras éramos las principales apestadas. En ese momento, éramos 24 contra 2,
un partido un tanto desequilibrado.
En un momento, vi como todos esos ataques verbales, que habían estado lanzando a
“María”, empezaban a alcanzarme a mí. Comentarios desagradables, risas, burlas e insultos nos
acompañaban cada día, durante todas las horas de clase, recreos incluidos, pack completo.
Al principio, intentábamos hacer oídos sordos, pero la cosa se les fue de las manos cuando
cruzaron la línea roja y, esas palabras que habíamos ignorado, se convirtieron en ciertas agresiones
físicas. Ignorar las palabras era una dura tarea, pero, a veces, lo conseguíamos; esquivar los ataques
físicos fue una tare casi imposible. Al principio eran empujones “inocentes” por los pasillos, un
chocar con los brazos mientras vas andando por los pasillos, pero llegaron a convertirse en
pelotazos durante los recreos y las clases de educación física, justo cuando el profesor no miraba o
se ausentaba unos minutos. Y fueron esos pelotazos los que, al fin, hicieron reaccionar a los
profesores y, aunque la solución que propusieron fue insuficiente, los ataques físicos cesaron., pero
los verbales seguían allí, llegando, incluso, a convertirse en amenazas.
Todo esto duró la estupenda cantidad de 3 cursos. Tres cursos yendo a clase pensando en lo
que nos dirían ese día. Tres cursos de llegar a casa llorando. Tres cursos de decirles a nuestros
padres que no pasaba nada, que eran tonterías. Tres cursos en los que nuestros padres no se creyeron
que no pasara nada e intentaban solucionarlo, pero como siempre, la respuesta de algunos docentes
era “bah, son cosas de niños”. Tres cursos de sentirse impotente por no poder terminar con esa
situación. Tres cursos en que la ansiedad se apoderaba de nosotras. Tres cursos en los que tuvimos
que aguantar toda la palabrería de unos adolescentes aburridos que no tenían nada mejor que hacer
que meterse en la vida de los demás. Y, aunque algunos profesores intentaron mediar y, se consiguió
que la cantidad de chicos y chicas que se creía con el poder de meterse con los demás disminuyó, el
acoso escolar no terminó hasta que “María” y yo pudimos cambiarnos de colegio. “María” se fue a
vivir a otra ciudad, pero yo me quedé en la misma. Y, sinceramente, en el momento en que salimos
de allí, por primera vez en mucho tiempo, pude respirar sin que mis pulmones sintieran el dolor de
la ansiedad.
De todo esto ya han pasado muchos años y, a veces, echo la vista atrás y me pregunto qué
habrá sido de todas esas personas que, en su día, se creyeron mejores que nadie, y con el derecho a
controlar la vida de los demás. Me pregunto si ellos también echan la vista atrás y se arrepienten de
aquello o, simplemente, lo han olvidado. Y me doy cuenta que, cada vez que pienso en ellos, sólo
puedo sentir pena, y no por mi, ni por “María”, sino por ellos, por esos chicos y chicas que habían
tenido que recurrir al acoso escolar para sentirse más fuertes y mejores que los demás, por tener
unas vidas tan tristes que sólo conseguían llenar con el sufrimiento de los demás. Y, os parecerá
raro, pero yo los he personado por lo que nos hicieron, porqué eso me hizo más fuerte, porqué
nuestra historia puede ayudar a muchos chicos y chicas que se encuentren en una situación parecida,
porque´yo puedo ayudarles, porqué podemos pararlo.
Y desde la oportunidad que nos da este blog, sólo quiero decirles a todas aquellas personas
que están siendo víctimas del acoso escolar y, que su día a día es mucho más duro de lo que la gente
se cree que todo se va a solucionar, que vais a salir de ésta, porqué sois fuertes y no vais a dejar que
nadie se meta en vuestras vidas. No os calléis, no tengáis miedo a pedir ayuda. Contadle a aquellos
que os quieren todo lo que os está pasando, que no os asuste pedir ayuda, hacerlo no os convierte en
cobardes, los cobardes son los que necesitan ver sufrir a los demás para sentirse fuertes. No dejéis
que ellos dicten vuestras vidas. Vosotros sois los dueños de vuestras vidas, no ellos. Pedid ayuda,
contad lo que os pasa, porqué no estáis solos, vosotros sois los valientes. Vosotros sois los
verdaderos héroes.
 
Autor/a del relato:
La Señorita Despeinada

Marlita Linda

Buen día:

Lo que me interesa de contar la historia es que la gente pueda entender cómo se siente uno en el caso de ser la víctima de acoso escolar y tengan un acercamiento a los sentimientos de dolor y frustración que uno vive en las situaciones de ese tipo de acoso.

Cuando nací yo presenté un problema psicomotor, según la historia clínica yo tuve parálisis cerebral leve y estuve casi toda mi infancia y adolescencia en diferentes terapias (fisioterapia, terapia de lenguaje, etc). Aparentemente yo no tenía las capacidades cognitivas y físicas de un niño "normal", tanto así que yo empecé a caminar y a hablar a las 4 años de edad. 

Los médicos le recomendaron a mi mamá que me llevara a un colegio para niños especiales (niños con discapacidad mental), sin embargo, después de un mes a mi mamá no le agradó mucho la idea de tenerme en ese colegio y me inscribió en el jardín donde estudiaba mi hermana. Desde ese entonces, por el hecho de no poder caminar fui víctima de abusos por parte de los otros niños.

Yo empecé a demostrar que a pesar de las supuestas incapacidades físicas, mis capacidades cognitivas eran completamente normales, como las de cualquier niño. Así que a los 4 años, después de dar mis primeros pasos entré a estudiar la primaria en un colegio tradicional. Yo tenía ademanes de un niño con discapacidad, es decir, primero que todo me tropezaba bastante porque hasta ahora estaba empezando a caminar, me quedaba con la boca abierta cuando me centraba en algo, tenía (y aún tengo) un tic que me hacía mover la cabeza de un lado a otro. Había una profesora en el primero, lo recuerdo muy bien, que me lanzaba hacía el tablero y hacía que me estrellara contra él y me regañaba porque no coloreaba bien. Mis padres denunciaron este asunto ante la directora y la profesora fue expulsada del colegio. 

Creo que mi infancia fue salvaguardada por el hecho de tener una familia amorosa y en el colegio lo que me ayudó fue empezar a ser una alumna sobresaliente, entonces ahí me gané el aprecio de los profesores.

El bachillerato fue un infierno, ya que era un colegio muchísimo más grande que en el que estudié la primaria. En el primer año tuve una profesora que me remedaba y hacía que todos los niños se burlaran de mí. Tuve que soportar un sinnúmero de burlas y apodos. Tuve que soportar el rechazo. Esas burlas de los demás compañeros la verdad hacen que uno se sienta mal consigo mismo, uno se siente menospreciado, defectuoso, no sé, el autoestima se le baja a uno hasta el suelo. Uno siente que no merece estar en el mundo, uno siente un dolor que nadie más puede describir.

Yo recuerdo que muchísimas veces lloré, llegaba a mi casa triste y no sabía qué hacer. Otro aspecto que me parece terrible es que uno no tiene soluciones a la mano. En mi caso particular, recuerdo que la única solución que yo escuchaba era a mi papá diciendo que iba a mandar a alguien que asustara a esos niños. Yo le decía que no, porque la verdad no veía eso en qué me podía ayudar. 

Pienso que los padres deben hacer dos cosas, primero, educar a los hijos para que aprendan a aceptar, a convivir e incluso a acercarse a quienes son diferentes
y lo más importante a respetarlos realmente. Lo segundo, es que los padres que tengan un hijo en condición de matoneo o acoso escolar, lo que deben hacer es brindar soluciones que hagan que el hijo se sienta apoyado, por ejemplo, hablar con los profesores, con el área de trabajo social y también darle soluciones al niño para que él las pueda llevar a cabo.

Yo recuerdo que durante cuatro años viví esa experiencia amarga del acoso y sobre todo del matoneo, como le llaman actualmente, porque en esa época no existían esos conceptos.

Otra cosa que recuerdo es que también nació un deseo de morir e incluso de cometer suicidio.

Hubo un grado en el que me cambiaron de curso y completamente de compañeros. Yo la verdad en ese tiempo lo único que había pensado era pedirle a mis padres que me cambiaran de colegio. Cuando me cambiaron de curso la verdad fue una bendición, porque ahí encontré nueva gente, empecé a tener amigas y las cosas fueron diferentes y empezaron a mejorar en mi vida.

El único consejo sabio que recibí fue por parte de mi hermana que me decía que cuando una persona se burlaba de uno en exceso es que quería ocultar algo, me dijo algo así como "busca qué defecto están tratando de esconder y trata de hacerlo notar". Ese consejo me sirvió en el sentido de que empecé a notar en ellos personas con defectos tal y como uno y eso me ayudó a enfrentarlos en situaciones posteriores ya en el último año que volví al curso con algunos de ellos.

El acoso escolar deja muchas secuelas que son complicadas de sanar. En mi época de estudiante de colegio no habían los conceptos que se manejan ahora con respecto al acoso y al matoneo. No existían muchas formas de defensa, no existía el concepto que uno puede buscar ayuda profesional y que no por eso uno está loco. Ahora pienso que hay muchas herramientas para ayudar a los niños a superar casos de abuso, pero las situaciones de abuso siguen siendo las mismas que en mi época.

Siento que a pesar de que estamos en una sociedad donde se habla de tolerancia, de respeto, de diversidad, aún no le están enseñando a los chicos cómo respetar las diferencias, incluso la gente adulta se burla de los demás por creer en x religión, tener y ideologías, tener ciertas preferencias sexuales, etc. Pienso que son conceptos que están muy arraigados en la sociedad y que son paradigmas que hay que eliminar.

Yo le doy gracias a Dios que a pesar de la situación tan fuerte que tuve que vivir, porque posiblemente mis líneas no reflejen lo que sentía en esa época; he podido ir rompiendo y cambiando las secuelas tan arraigadas que dejaron esas vivencias en mí. Un día, ya estando en la universidad tuve que enfrentar el hecho del deseo de morir y cambiar el chip y empezar a amar la vida, también, ya bastante crecida, tuve que empezar a valorarme como persona y hacer del amor propio una realidad. También tuve la oportunidad de encontrarme con los antiguos compañeros de colegio y poder sanar viejas heridas y perdonar.

Gracias a Dios he podido seguir adelante con mi vida, después de duras batallas. Actualmente tengo una profesión, una maestría, quiero continuar con los estudios de doctorado, tengo un trabajo que me encanta hacer y de un tiempo para acá, después de haber matado demonios, siento que tengo una vida fabulosa y quiero seguir adelante. He descubierto una vida hermosa después de todo lo que viví. Sin embargo, sé que para muchos muere la esperanza y prefieren suicidarse que seguir tolerando la situación. De verdad que admiro el proyecto porque no hay que permitir que más vidas se pierdan por cosas que se pueden solucionar y que pueden cambiar.

Bueno, espero que mi relato sirva para que todos empecemos a tomar consciencia que el acoso escolar no es sólo una situación, sino es un asunto que afecta fuertemente la vida de quien lo sufre, por eso hay que cambiar esas situaciones.

Muchas gracias por leerme.
 
Autor/a del relato: 
Marlita Linda

Una pizca de luz

Recuerdo que era feliz. Era una niña con una familia que la quería, amigos y sin preocupaciones. Hasta que empecé sexto curso y mi vida cambió por completo. Un día me tocó salir a la pizarra y mi profesor me hizo decir en alto unas palabras que estábamos aprendiendo, yo lo pronuncié mal y a mi clase le pareció gracioso. 

A partir de ese momento, fui el blanco fácil, supongo que fue mi culpa porque me aislé para sentir menos dolor, o quizás fueron los niños que no querían saber nada de mí, pero pasó. Seguí sintiéndome mal por no saber decir unas palabras, por no tener amigos, por no poder hablar con nadie. Así que empeoró en el instituto, donde lo único que escuchaba eran insultos de todo tipo. Delante de mis narices, a mis espaldas, escrito en los baños.

Mi única amistad en esa época fue una persona que compartía el dolor y la angustia a diario, aunque poco a poco fuimos perdiendo contacto.

He vivido demasiados años de acoso, el instituto no fue lo peor. Lo peor fue darme cuenta de que yo estaba equivocada al pensar que en un módulo de grado medio (con personas mayores de edad, con pisos y familias y tal) me iba a librar de todo esto. Estuve dos años esperando a terminar el curso creyendo que en el trabajo mejoraría, ese era mi túnel y creía que iba a irme todo mejor. Me equivocaba. Seguí intentando mantener una meta y no pensar en la forma en que me miraban o hablaban de mí, pero a veces no funcionaba. Hasta que no pasaron unos años, no me di cuenta de varias cosas, la primera, que me habían vendido la vida de una forma que no encajaba, la segunda, que podía ser feliz aunque los amargados que me rodearan creyeran que no, y tercera, que solo necesitas una pizca de luz (una persona, amistad, pareja, club de lectura, etc) para que puedas salir del hoyo en que te metieron.

Desgraciadamente el acoso escolar es un bucle, y es muy difícil para salir de él, pero si tienes una mínima oportunidad de esa pizca de luz, todo mejora. 

Autor/a: Anónimo

La chica de la boca cerrada

Mi primer día de colegio fue una mierda del tamaño del Everest. Lloraba desesperadamente porque quería volver a casa. El profesor, en lugar de intentar tranquilizarme suavemente, como remedio para calmar mis gritos y lloradera, les dijo a todos los demás niños que se pusieran a gritarme, para que me callara. Y lo consiguió, porque a raíz de ese shock sufrí mutismo.  Y aquí fue el principio de lo que sería mi infierno en los próximos años.

Nadie quería relacionarse conmigo en los patios, asique me pase la enorme mayoría de los recreos sola, era si tuviera la peste bubónica. Más adelante, hice una amiga, una niña a la que marginaban supuestamente porque olía mal. Me acompañó en los recreos, pero tiempo después se fue del colegio y volví a la soledad.Me animaron a relacionarme con los demás, pero era incapaz de hablares, quería pero no podía. Por eso, me bautizaron como "la muda". 

En primaria la cosa siguió igual. Quería tener amigos, pero para poder estar con ellos, tenía que seguirles, es decir, ir detrás de ellos, como un perro que va detrás de su dueño. Algunos me dejaban jugar y otros se escabullían para que no les siguiera y deshacerse de mí. En sintesis, la mayoria se burlaba de mi y me excluían, y con los que podía haber hecho amistad la cosa no cuajo por mi incapacidad de hablar. Era muy frustrante. 

Un día llegaron a escupirme en la espalda. Por primera vez lo dije a la profesora pero al “chivarme” los demás compañeros me fustigaron todavía más. Para colmo, la profesora no hizo nada a respecto y creía más en la inocencia del acusado.

¿Dije que el colegio habia sido una mierda, verdad? ¡Pues el Instituto fue una combinación de diarrea, vomito y sangre. Ya os podréis imaginar… 

El primer año la chica con la que me juntaba, en cuanto encontró a otra amiguita, me dijo que buscara amigas por mi cuenta, y empezó a darme de lado. Con las que me relacioné el resto de ese curso fue porque se solidarizaron conmigo por no tener amigas, pero fue muy triste porque sentía que lo hacían por lástima y porque esa pelleja les caía mal.

El curso siguiente, hice amitad con dos chicas de otro curso y fueron momentos maravillosos. ¡Después de tanta oscuridad, por fin veía el sol!, ¡Por fin sabía lo que era la amistad de verdad, sin personas interesadas, ni falsas y sin tener que ir detrás de nadie! Con ellas me solté, hablaba sin miedos en los recreos y nos la pasabamos de cachondeo. Pero luego tocaba el timbre para regresar a clase y volvía a la oscuridad.

A los 15, un miserable que se enteró que me gustaba (en ese momento no llevaba gafas ¬¬), me empezó a gritar engendro en cuanto me veía. Fijaros si era cobarde y carroñero que nunca me insultó cara a cara, siempre lo hacía desde la distancia, y siempre con sus amiguitos de coro. Masacró mi autoestima y desde entonces arrastré la idea de que daba asco y jamás nadie se fijaría en mí.

Por otro lado, ese mismo curso, en clase una que me conocía desde el colegio siempre me hacia la vida imposible. Un día en el gimnasio, dentro del vestuario, entré al baño a cambiarme de camiseta. Esta cosa y dos compañeras más, intentaron forcejearme la puerta para abrirla mientras yo estaba dentro. Empezaron a dar golpes y hacer fuerza, pero yo (a pesar del miedo y poniéndome la camiseta como pude) hice presión para que no consiguieran abrirla. Una vez puesta la camiseta, me puse la mochila y salí corriendo despavorida a contarles lo sucedido a dos compañeras de clase (las únicas que eran buenas personas conmigo). No podía ni hablar del susto, tartamudeaba y sufrí una leve taquicardía. Cuando consiguieron tranquilizarme, les expliqué en medio de lágrimas lo sucedido. Me aconsejaron hablar con el director. Pero no me atreví. Ya había vivido en el Colegio lo que era que te maltrataran por chivata. Y ahora mi miedo era mayor. Ningún recodo del Instituto era seguro y era un verdadero calvario ir a clase todos los días. Perdí la fe en la vida y llegue a odiar al mundo... 

En 1º bachiller me escribieron una carta falsa de un supuesto admirador para burlarse de mi mutismo, con frases constantes haciendo alusión a mi voz. El siguiente año, las cosas fueron igual o peor. Por asuntos personales, mis notas empezaron a caer en picado y abandoné el curso. Si bien es cierto que el acoso influyó un poco en el abandono no fue el motivo principal.

Al curso siguiente, volví y repetí. Entonces las cosas empezaron a ir bien, recuperé mis ganas de estudiar y volví a sacar notazas. El curso fue tranquilo, pues durante el mismo nadie me hizo ninguna grosería. Igual por detrás me ponían verde, ni lo sé ni me importa… pero al menos no sufrí acoso escolar el último año de Instituto. Y después accedí a la Universidad, donde todo ha sido paz y gloria, aunque es dificil olvidar las secuelas que te deja el Bullying, pero debemos transcender esas heridas y seguir hacia delante :)

Hoy, la chica de la boca cerrada, la muda, la zombie, la momia, la etc.. ya no volverá a callarse más. Que me oigan bien fuerte: JAMAS PODRAN APAGAR MI LUZ, porque  aprendí a brillar en la oscuridad, y le pese a quien le pese, no dejaré de brillar!! :D 
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------                                                                  
CONCLUSIÓN: Mi consejo para aquellos que sufrís o habéis sufrido acoso… no permitais que el daño sufrido os quite las ganas de vivir ni la sonrisa, pues ellos quieren llenar de estiércol las estrellas porque saben que nunca las podrán alcanzar  ;)

Autor/a: Anónimo

Vivir con miedo


Autor/a del relato: @focusings
Canal YouTube: focusingsvlogs

Esta es mi historia




Cuando tenía 13-14 años, estaba en segundo de la ESO, sufrí acoso escolar o, como lo llaman ahora, bullying. Bueno, empezaré desde el principio. Cuando comenzó el curso estaba ilusionada por empezar el nuevo año escolar y ver qué asignaturas tenía, conocía a varias personas con las que fui a clase, ya que fueron al colegio al que fui, empezó bastante bien y me hice ''amiga'', entrecomillado porque en realidad nunca fueron mis amigas, de tres chicas de la clase. Avanzando las semanas empezaron los problemas y algunas chicas de clase comenzaron a inventarse cosas mías que no eran verdad, como, por ejemplo, que tenía piojos. No sé por qué lo hicieron, quizás sea por envidia o porque al final no les caí bien del todo. Un día una de las chicas quería hablar conmigo a la salida, tuve miedo porque veía o creía que me iba a agredir físicamente, y entonces se lo conté a mi tutor, la chica se enfadó mucho y a la salida me agredió. En esa época no lo estaba pasando muy bien, mi padre sufrió un ataque al corazón y mi madre estaba con otra pareja y no me hacía mucho caso, y luego sufrí esa hostilidad por parte de la mayoría de mis compañeras de clase, no lo pude soportar y cada vez faltaba más a clase. No quería ir por las miradas de muchas personas y por no ver a mis compañeras de clase, así que encontré un refugio donde pude sentirme algo mejor, pero no fue la mejor solución. Empecé a hablar más con otras personas a través de Internet sintiéndome y comprendida, obviamente mi rendimiento académico bajó muchísimo hasta llegar a suspender la mayoría de asignaturas de ese curso. No tenía ganas de estudiar, ni de ir a clase, ni de ir a mi casa, incluso dejé de lado a algunas amistades, que tampoco sentí apoyo por su parte, seguramente debido al problema del idioma, ya que ellas son extranjeras.

A lo largo del curso, mis compañeras se inventaron otros bulos, como que le robé el novio a una chica, cuando ni había apenas hablado con ese chico en mi vida, o, mi favorita, una de ellas metió el móvil de otra, eran cómplices, en mi mochila para acusarme de robo y así me echaran la bronca o ponerme un parte disciplinario, obviamente ningún profesor las creyó aunque se descubriera que el objeto estuviera en mi mochila.Y lo último, y fue la guinda del gran pastel que fue mi año, es que la profesora de matemáticas, delante de toda la clase, me preguntó por qué había suspendido,  muy divertido para mí, seguramente sabiendo que el trato de mis compañeras hacía mi era nefasto.

Espero que a todos los que sufran acoso escolar les pueda servir mi historia, no fue la mejor solución la que tomé y perdí un año académico debido a ello, pero pude sobrevivir al menos. El siguiente curso me fue muchísimo mejor, tuve mejores compañeros y mis notas fueron muy buenas. No os rindáis y buscar algo que os haga sentiros mejor para soportar ese duro trago que es sufrir bullying, pero tampoco os refugiéis en cosas que sean malas para vosotros, ya que no es la solución y os puede perjudicar bastante. Actualmente soy una chica 23 años que está en la universidad estudiando Derecho, se puede salir de ese agujero donde te metes debido al acoso y los problemas que pueden ocurrir en tu casa y superar ese trozo amargo de tu vida, que es eso, un cachito de tu vida porque la vida es más larga y encontraréis cosas maravillosas, pero también gente mala, no es todo maravilloso, pero con todo lo que me ha pasado, he aprendido a tomarme la vida con más filosofía. Mucha suerte a todos y gracias por leer mi historia.

Autor/a del relato: Jill